El recorrido

Escribir es una de sus fascinaciones, llegar a lugares conocidos y desconocidos a través de las palabras, poder despertar imágenes en los lectores y lograr que imaginen más. Esa es su mayor intención, lograr hacer que surjan personajes, lugares y situaciones inesperadas, pero existe un problema, el famoso final, ese al que muchas veces no sabemos como llegar, ese al que le falta algo para ser espeluznante, ese al que le faltó punch, ese al que todos critican porque no es como lo habían imaginado, ese que salió de churro, ese que era la solución más fácil, ese que tenía que ser de otra forma pero que afectaba las creencias de algunas personas, ese que requiere de mucho estudio para que sea creíble, ese que salió bien cursi, ese que es demasiado infantil o demasiado imaginativo, ese que no tuvo gracia, ese que fue demasiado abstracto para entenderle, ese que no dio miedo, en fin todos los contras se agolpaban en su cabeza y no lo dejaban terminar, eran como aves de rapiña robándole las ideas para que no llegaran al papel. Eran como la envidia que sufría porque esa historia podía ser la mejor de todos los tiempos, y tenía que destruirla como fuera. Era la obsesión del perfeccionamiento, el tratar de complacer a todo el público sin darse cuenta de que absolutamente todos somos diferentes y pensamos de igual forma. ¿Cómo lograría vencer esas dificultades para llegar a él? Primero, iniciar el recorrido, con todo el valor que le fuera posible reunir, después utilizar la inteligencia de la que estaba dotado, tercero: ponerse unos tapones en los oídos para evitar la crítica y poder resolver de la mejor manera la situación (eso también aplica en la autocrítica), llevar comida suficiente para el recorrido. Estar preparado para escribirlo en cuanto lo vea pasar, poner su atención en las señales que le envíe para encontrarlo. Seguir su intuición, pues habrá muchas trampas que querrán desviarlo de su cometido. Llevar tiempo y herramientas para plasmarlo, desenterrarlo, rescatarlo, reanimarlo y contarlo. Apagar al monstruo rectangular que se roba las ideas o que puede llegar a distorsionarlas. Escuchar al viento y al agua, dejarse llevar a las profundidades y atreverse a observar, admirar la bioluminiscencia y encontrar la belleza de lo desconocido, cruzar por las grutas y encontrar las ciudades perdidas, reconstruirlas gritando de emoción y el gran final escondiéndose porque le da pena salir, quiere que le griten, que lo adoren, que corran con él, que le aplaudan y que haga sonreír a cualquier persona que se encuentre.

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