Una noche lluviosa
Y de repente la lluvia se escucha durante horas afuera de mi balcón, su insistente chipi chipi me invita a recordar el hermoso sonido del mar, de las caídas de agua en el bosque y de las sensaciones del agua en mi cabeza. Una serie de recuerdos se agolpa en mi cabeza y mis dedos no son lo suficientemente rápidos para transcribir todas esas sensaciones y alucines que tengo. Las teclas y el sonido de la lluvia parecen unirse en ritmo para que yo pueda seguir pensando y la letra con la que escribo me recuerda una máquina de escribir toda escandalosa con la campana de fin de renglón y esa palanca extraña para girar el rodillo y continuar la redacción. De pronto salto a otro tema y recuerdo un documental sobre la vida de J.K. Rowling en el que tuvo que darse que cuenta que una de las cosas que más disfruta es escribir. Escribir es un ejercicio con uno mismo, donde arroja sus anhelos, deseos y miedos al mismo tiempo, mientras escucha a su corazón mientras piensa en la ortografía y desconfía de las cosas que está plasmando en el papel, donde cuestiona si será capaz de darle enter cuando cese la llluvia, si lo reelerá para saber por lo menos qué escribió, y si se termina la batería antes de que guarde? O tocan el timbre para interrumpirme? Y si dejara de estorbarme este letrero de enviar comentarios para que viera las palabras completas. De repente sonrío porque me doy cuenta de que estoy en un viajesote del que no puedo escapar y me da más risa cuando el predictivo quiere escribir cosas que no has salido de mi cabeza. Dicho y hecho, tocaron el timbre, feliz comida china y a ver cómo publico esto
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